miércoles, 19 de octubre de 2016

Cada mes



Cada mes el discípulo mandaba religiosamente a su Maestro un informe que detallaba su progreso.
El primer mes escribió:
‘Siento una expansión de la consciencia y experimento mi unidad con el universo’.
El Maestro echó una ojeada a la nota y la tiró a la basura.
Al mes siguiente, escribió:
‘Finalmente he descubierto que lo Divino está presente en todas las cosas’.
El Maestro pareció decepcionado.
El tercer mes las palabras entusiastas del discípulo exclamaron:
‘El misterio del Uno y de la multiplicidad ha sido revelado ante mi mirada de asombro’.
El Maestro sacudió su cabeza y volvió a tirar la carta a la basura.
La siguiente carta decía:
‘Nadie nace, nadie vive y nadie muere, porque el yo egóico no existe’.
El Maestro alzó sus manos al cielo en total desesperación.
Después de esto pasó un mes, luego dos, luego cinco, y finalmente un año entero sin recibir noticia.
El Maestro decidió que era hora de recordarle al discípulo su deber de mantenerlo informado acerca de su progreso espiritual.
Entonces el discípulo respondió:
‘¡A quién le importa!’.
Al leer esto, una mirada de satisfacción cruzó la cara del Maestro.

Ramesh Balsekar,

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