domingo, 17 de julio de 2016

La vasija y la iluminación

Una monja zen estaba transportando una vasija con agua.
Durante treinta años vivió en el monasterio, trabajando sin descanso, meditando, esforzándose en alcanzar la serenidad, en alcanzar un estado dónde la Verdad pudiera reflejarse.
Pero ésta no había venido.
De repente, la vasija cae al suelo y se rompe hecha añicos.
Ella permanece inmóvil, como aniquilada, y el agua se desparrama, y ella ha Despertado.
De repente alcanza la Iluminación.
Corre, baila, va al templo.
Su Maestro acude, toca sus pies y le dice:
‘Ahora eres un Buda: has llegado’.
Pero la monja pregunta:
‘Dime, ¿cómo ocurrió? Lo intenté de todas las formas, continuamente durante treinta años y no sucedió. Y esta mañana decidí que era talmente un absurdo y que no sucedería, así que abandone todo esfuerzo. Así qué ¿porqué, en este día, ha sucedido?’
El Maestro le contesta:
‘Porque por primera vez fuiste total y sin ego. El esfuerzo crea ego. El mismo esforzarse era la barrera. Ahora, sin ningún esfuerzo, sin motivo, sin ambición alguna, estabas llevando esta vasija con agua y… de repente la vasija cae -¡bang! - la vasija ha caído y se ha roto, y en un instante te vuelves consciente, sin ego. Y el mismo escuchar cómo la vasija se rompe, la rotura, el ruido, el fluir del agua, y tú sin ego, escuchando totalmente: la cosa ha sucedido’.



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