viernes, 1 de enero de 2016

Relajación no es sinónimo de flojedad


Muchos libros nos explican mil y una formas de eliminar la tensión, aunque a veces es complicado encontrar cómo hacerlo en uno mismo.
Explicarlo no es sencillo porque pasa por describir lo que sucede cuando llegas a ese "clic" que te ayuda a destensarte; y eso que se siente no es definible con palabras.
Destensar el cuerpo NO es dejarlo flojo y abandonado, al contrario, es hacerse más consciente de él, percibir cómo está; con una respiración larga, pausada y profunda, que actúe como fuelle en todo el cuerpo y después de hacernos conscientes de esa tensión, soltar, como si fuésemos una botella con gas y dejamos que ese gas se vaya.
Eso hace que "crezcamos", porque al relajar los músculos y las articulaciones, se estiran, se recolocan.
Si se está tumbado el cuerpo pide estirarse: quizá primero la espalda, las piernas, cuello, brazos...
La respiración ayuda a quitar la tensión y a su vez el relajarnos ayuda a que la respiración sea cada vez más energética, profunda.
La corriente, Qi, acabará por llegar a todos los rincones.
Pero hay otra tensión más complicada de tratar: la mental.
De hecho, liberar de tensión la mente, libera de tensión el cuerpo (y de rebote el alma).
Somos auténticos RUMIANTES DE PENSAMIENTOS: qué hacer, qué no hacer, qué pensar, qué sentir... o no... películas varias de probabilidades en la cabeza...
A ver, pensar no es malo, que hay que arreglar la vida de cada día, hablo de la cháchara mental que no soluciona nada y te hace sentir mal.
La destensión mental suele pasar por parar en seco el pensamiento rumiado:
no voy a seguir con este pensamiento, punto.
Tenemos que tratarlo como a un hijo que está incordiando y molesta, en este caso a nosotros.
Podemos dejar que incordie y todos sabemos por ejemplo qué es un niño incordiando en un restaurante no dejando comer tranquilo a nadie... genera rechazo.
¿A qué sí? Según lo que tengamos en la cabeza estamos irritables, tristes, enfadados...ese es el rechazo a lo que tengamos en la cabeza.
Paremos el incordio pues: el entorno se relaja y el propio niño va aprehendiendo que hay un comportamiento para cada situación.
Volverá a la carga cuando menos te lo esperas e incluso con más insistencia, de ahí la importancia de ser FIRMES.
Ojo, firmes, no inflexibles; porque a veces a los niños hay que dejarlos incordiar un poco para que ellos mismos se liberen, pero entonces hay que canalizar ese incordio hacia donde no moleste (como la entrada del restaurante que nosotros controlamos desde nuestra mesa).
Te hacen daño, te sientes mal, quieres y necesitas sentirte mal.
Perfecto.
Lloras, te enfadas...
Pero aquí es importante tener claro que se trata de canalizar esa tensión de pensamiento, no se trata de canalizarte a ti metiéndote en una espiral que acaba afectando a toda tu vida.
Una vez canalizada esa tensión tenemos que volver a nuestro ser, que en su esencia es una botella vacía (cada uno con su estilo: de vidrio, de plástico, grande, roja...) pero vacía; la hemos ido llenando nosotros y los que nos rodean; y nos hemos ido colocando donde queríamos o donde nos han puesto.
A veces es bueno verse desde la perspectiva de una obra teatral: ser espectador de uno mismo, contemplándote desde la tranquila y cómoda butaca de un teatro, que te permite juzgar, criticar, reír y llorar...hasta que termina la obra, vuelves a tu vida y lo sentido queda en el recuerdo sin afectarte en el futuro.
Lo que hay que tener presente es que todo esto pasa por una búsqueda y una práctica personal, en plan egoísta total, así lo digo.
Para dejar de fumar, primero hay que querer dejar de fumar, pero tú tienes que querer hacerlo; no llega con decir que se quiere hacerlo.
Sin esa intención real, sincera y auténtica lo demás...¿para qué?
Más ejemplos: niño incordiando y le decimos un "para quieto" sin mirarlo siquiera; parece que hacemos algo, pero no.
Quiero dejar de sufrir porque alguien me ha dicho algo que me hiere, pero quiero y necesito que el otro cambie su actitud... si al otro le importa un bledo aún nos vamos a sentir peor; plantéate que te hace daño porque se lo permites y ni pienses en lo que debería hacer o no el otro.

Autor Desconocido

Feliz NO pelea con nosotros mismos.


No hay comentarios.: